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De la Drogadicción. En la juventud Colombiana
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Drogas sintéticas

Las rumbas de los muchachos se han convertido en un ‘parche’ de desenfreno y mezcla de licor, cigarrillo e inhaladores que disparan la euforia. En las fiestas se ha vuelto ‘normal’ el consumo de ‘popper’, una sustancia que se inhala y produce una emotividad corta, de apenas cinco o menos minutos. Los precios de cada frasco oscilan entre $25.000 y $80.000. Especialistas dicen que se trata de una ‘moda’ de adolescentes que viven en los estratos altos de la ciudad, quienes rumbean de manera nómada, en estado de alicoramiento y sin control. El diálogo es la mejor salida a este tipo de problemáticas.


Cinco minutos con el corazón a punto de estallar. Con los sentidos despiertos. Con una especie de nervios ‘ricos’. Con un torbellino en la sangre, con los pulmones abiertos…


Las sensaciones se perciben con sólo inhalar una pequeña cantidad de una sustancia que ahora los jóvenes de los estratos más altos de la ciudad mezclan con licor y cigarrillo para ‘sollarse’ las rumbas del fin de semana. El nombre es lo de menos: Muchos le dicen ‘popper’, otros ‘rush’, ‘bolt’, ‘locker’, ‘room’, ‘leatler’ o ‘el sacol de los ricos’. El fin es el mismo: cinco minutos de euforia.

¿Cómo llegan a esta situación un cúmulo de jovencitos que no superan ni los 17 años de edad? Clara Inés Londoño, directora de la Corporación Caminos, afirma que después de una serie de talleres realizados el año pasado en doce colegios privados de Cali y que reunió a más de 500 alumnos, se pudo establecer que ahora la dinámica de la rumba juvenil es otra.

“Los muchachos tienen puntos de encuentro para organizar su rumba. El Parque del Perro y el Gato de Tejada, por ejemplo, son algunos. Allí se juntan para decidir qué hacer y empiezan a consumir alcohol. Se inician y se ‘prenden’ para llegar entonados a la rumba”, explica.

Alrededor de este ambiente hay un tráfico desmedido en el uso de contraseñas de cédula de ciudadanía falsas.

“Algunos las tienen con la misma complicidad de sus papás y, por ello, acuden a las discotecas”, agrega.

La rumba juvenil es nómada. Esto quiere decir que no están en un punto fijo sino que en la noche se la pasan visitando discotecas, ‘probando’ cada una de las rumbas. “Esto genera mucha tensión en los papás y se exponen mucho más en la calle, porque conducen embriagados”, comenta.

En medio de todo este ambiente es donde aparece el consumo de aquella sustancia que sólo tiene una duración de minutos y que es bien conocida como ‘popper’.

Las pastillas de éxtasis, que hace unos años irrumpieron en la rumba juvenil, ahora están siendo desplazada por esta sustancia gaseosa, que viene en un frasco de vidrio muy pequeño, casi indetectable, y que se mezcla con licor, cigarrillo y algunas veces con marihuana.

La trabajadora social Angélica Moscoso afirma que el ‘boom’ de esta sustancia obedece más a una moda, a una imposición social para ser aceptados en un grupo. “También lo hacen por explorar, por conocer nuevas cosas y hasta para hacer nuevos amigos”, comenta.

¿Qué es el ‘popper’? Esta sustancia es una droga compuesta por nitrito de amilo y se consume en forma líquida, incolora e inodora, mediante inhalación. Según los especialistas relaja la musculatura y es un potente vasodilatador, lo que favorece la erección. Su abuso puede provocar náuseas, dolores de cabeza, hipotensión, vértigos, agresividad y puede ser muy peligroso en personas con problemas cardíacos.

Clara Inés Londoño afirma que el aumento en su uso en los muchachos, según las experiencias de los jóvenes en los talleres, se debe a que tiene menos evidencias físicas con relación a otras drogas, como la marihuana, el éxtasis o la cocaína.

“No da tufo, ni los mete en problemas como si sucede con las otra sustancias”.

Manuela, de 17 años, dice que cada que inhala ‘popper’ siente un vapor en el pecho. “Siento que se me ensancha el pecho y como si se me abriera todo. Me quita el hambre y el cansancio. Lo mejor es que no deja malos olores ni los ojos o la nariz roja”. La adolescente dice que lo compra en las afueras de las discotecas que frecuenta. El precio: entre $25.000 y $80.000.

“A veces mis amigos llevan a las rumbas y cuando estamos en la calle hay un tipo que nos lo lleva al sitio a domicilio. Así que donde estemos tenemos el ‘poper’ a la mano ”, comenta.

Los detonantes. Lo que más preocupa a los especialistas es que los jóvenes se están iniciando muy temprano en el consumo de alcohol y cigarrillo, los cuales, en muchos casos, son la puerta de entrada al mundo de las drogas sintéticas.

Según cifras del Programa Dare, de la Policía Metropolitana de Cali, los muchachos empiezan a consumir estas dos sustancias entre los diez años y los 14 años de edad.

“Llegan a niveles de consumo tan altos que presentan, incluso, intoxicaciones y eso para ellos es una anécdota de la noche, no vislumbran los riesgos. Todo es normal. No estamos en contra de la rumba. La reflexión es la manera descontrolada como se vive la rumba en la ciudad”, comenta Clara Inés Londoño.

¿Las salidas? La terapista Lina María Restrepo insiste en que estas situaciones en la juventud caleña, aún más si se trata de los estratos altos donde estos muchachos tienen más posibilidades de capacitarse, se debe, en esencia, a que cada vez hay menos controles sociales en las familias, en los espacios educativos y en la misma sociedad. El diálogo y la compañía, explica la terapista, son las mejores salidas a este tipo de problemáticas, porque muchos de los adolescentes aseguran sentirse solos y buscan consuelos peligrosos.

El agente Juan Carlos Ortiz, coordinador del programa Dare de la Policía Metropolitana, y quien ha estado en interacción con jóvenes de los estratos altos, afirma que éstos, al vivir en espacios seguros, tienen muchas facilidades para demostrar sus expresiones y afectos, por lo que la comunicación es más fluida. En la actualidad este programa realiza talleres de prevención con el fin de que los jóvenes se conviertan en multiplicadores de que la rumba sana sí es posible.

Pero las autoridades admiten que la situación es difícil de manejar, sobre todo cuando se habla de drogas sintéticas, pues muchas no están catalogadas como estupefacientes. Esto, según un investigador de la Sijín, hace que la circulación sea libre o que muchos se amparen en la dosis personal, en el caso de la marihuana u otras.

“Hemos encontrado, incluso, que muchos jóvenes que consumen drogas sintéticas portan las recetas médicas porque muchas de estas pastas se venden en la droguerías”, comenta.

Pese a los operativos de la Policía en Cali en los establecimientos nocturnos, los muchachos se mimetizan en dichos lugares en busca de cinco nocivos minutos de euforia.

Esté en alerta con sus hijos:

 

“Sentí el olor del pvc en la nariz”

Daniel tiene 20 años. Está en la universidad porque quiere ser gerente o empresario.

Apenas cursa la mitad de carrera y, por ahora, no le preocupa mucho el futuro, vive su juventud a “plenitud”, dice.

Rumbea todos los fines de semana, aquí y allá. Con amigas, amigos, a veces con una ‘amiga especial’, de la que se acuerda algunas veces o cuando se la topa en medio de la oscuridad de los bares de moda. Dice que no es drogadicto. “Jamás, no. Estoy probando de todo porque uno tiene que vivir la vida, pero no, nada qué ver”, comenta el muchacho.

Conoce bien el ‘popper’. Mejor del ‘rush’, como lo llaman en su grupo.

Esta es su experiencia:

“El ‘popper’ lo probé en diciembre pasado. En una fiesta súper bacana que hicieron en una discoteca de moda. Estaba con mis amigos rumbeando cuando uno de ellos me dio a probar. Me dijo: “metete un ‘rush’”. Yo ya había escuchado del ‘popper’, pero nada de nada, pues me pasaba la rumba con trago y cigarrillo.

Antes de entrar a la fiesta vi que mis amigos compraron un ‘tarrito’ en los puesticos que se hacen afuera, en donde venden chicles y cigarrillos. Muchos lo hicieron antes de entrar a la rumba.

En medio del ‘aleteo’ y en esa oscuridad, uno de mis ‘panas’ me pasó el tarro, aspiré duro y de inmediato me dio dolor de cabeza.

Luego, en segundos, se me agudizaron los sentidos. Sentís todo, hasta los latidos del corazón, pero a la vez sentía todo pesado. Estaba tranquilo, eso sí. Eso no altera los sentidos, como para armar pelea o algo así. Fue bacano por el momento, te eleva y sentís muchas vainas raras.

La verdad es que son sólo minutos, por eso, luego hay que ‘meter’ más. A mí me dio mucho dolor de cabeza y sentí como el olor del pvc en la nariz. Se me resecó la garganta también. Por eso, muchos de mis amigos pasan el ‘popper’ con ‘cripin’ (marihuana más fina), si hay, o más trago. O también perico. He visto que la venden en bolsitas pequeñas, desde $5.000.

La idea es acabar el tarro en una noche. Es barato. Nosotros lo conseguimos en menos de $40.000. Ese día cada uno tenía su tarrito en el bolsillo.

Lo que pasa es que cuando uno se emborracha y se ‘mete’ una aspirada, la borrachera se te va. Entonces, volvés a empezar...

Desde diciembre que lo probé por primera vez, lo he vuelto a hacer unas dos veces más. No mucho, para no generar tanta adicción”.

En sus propias palabras

"En medio del ‘aleteo’ y en esa oscuridad, uno de mis ‘panas’ me pasó el tarro, aspiré duro y inmediato me dio dolor de cabeza".